El Aparatito…..

el

mdeHace unos meses me acerqué a la librería “paraísos de papel” a comprar un libro para una clienta. Y de paso también cogí uno para mí.

No estaba realizando ningún encargo, por lo menos de su parte. Sino que obedecía a mi sentido empático y del agradecimiento al avance de las tecnologías.

Tengo el mejor trabajo del mundo. En él hay aspectos sociales de distintas envergaduras. Mayores o menores dependiendo de las historias que haya detrás.

Esta es una grande. No, muy grande. Detrás de este “aparatito” se esconden muchas ilusiones, luchas, mucha historia y crecimiento personal. Pero sobre todo, hay mucho amor por la vida.

Llevo varios días llevando a una clienta a un optometrista que le dijo que podía volver a leer, cuando está casi ciega.

Le devolvió las esperanzas a una gran lectora. Aquella lectora que compartía horas de periódico con su marido, ahora fallecido. Aquella mujer que disfrutaba leyendo las actualizaciones del mundo e historias de ficción.

Ella me decía: “María, me van a poner un aparato con el que voy a volver a leer. Me lo van a probar a ver si funciona y si me va bien.”

Pero no me lo decía como si me estuviera poniendo al día de un suceso. Sino que parecía una niña pequeña a puertas de la navidad.

Qué sencillo es devolverle la fe a una persona, la ilusión de no sentirse tan sola, tener más motivos para los que levantarse día a día, cuando ya se tiene una edad, donde a veces, las circunstancias nos llevan a pozos oscuros, muy oscuros, donde la tenue luz de un teléfono móvil nos devuelve la sonrisa.

Y llegó el día donde ilusionada, no, perdón. No estaba ilusionada, estaba pletórica!

Y entonces me dijo que después de tantas pruebas ya estaba todo aprobado. Le iban a instalar el “aparatito”.

Al llegar a Nigrán la dejé en su destino y me fui a la librería.

Cogí un libro que encajaba con ella. Así como la dependienta me relataba un resumen del contenido, me iba convenciendo porque la veía a ella con un toque de humor.

Me acerqué de nuevo a ella y se lo regalé. Su primer libro después de una etapa.

Me abrazó y entre lágrimas de emoción no paró de darme las gracias una y otra vez.

Solo por eso mi trabajo merece la pena. Porque te involucras, quieras o no, en las historias que te cuentan. Te hacen partícipe de ellas, porque de alguna manera confían en ti o simplemente lo necesitan.

Y eso para mí, tiene un valor muy grande.

Ahora es feliz volviendo a leer con un “aparatito” que según sus propias palabras, no es caro para el servicio que le hace. Volver a reconocer las caras de las personas de su círculo, cuando antes ni las saludaba porque no las reconocía al cruzarse con ellas. De volver a leer letreros para poder ir a la frutería o al banco sin equivocar el uno con la otra.

Poder estar al corriente de lo que pasa en el mundo para una mujer despierta como ella.

La felicidad tiene precio? Yo creo que no. Pues lo que esencial para cada uno tiene un valor incalculable.

Esto es mi trabajo. No solo conduzco. Hago muchas cosas más. Escucho, veo y participo. Esto es mi trabajo: tengo el mejor trabajo del mundo mundial.

Porque trabajo con personas.

#tedemuestroquemeimportas

 

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